Algo
que muchos parecen ignorar es que la realidad excede excesivamente lo
que nuestra conciencia y sentidos perciben. De hecho, demuestran
experimentos que cuando miro a este gato, que probablemente está
vivo, le estoy enviando suficiente energía para modificarlo. Logro
que los átomos de los que están compuestas las moléculas, y por
ende, sus células, se materialicen en forma de partículas.
Nadie
conoce, aunque lo crea, el aspecto real de las cosas. Cuando nuestra
conciencia no las perturba mediante la interpretación ya no es tan
fácil ni para la imaginación. Tal vez las partículas elementales
no son tan elementales. Divagar da espacio a pensar que este gato no
es más que una mezcla de energía interactuando mediante fuerzas con
el cosmos que le rodea. Energía vibrando en todas direcciones, en
todas dimensiones, con mayor probabilidad en las partículas que
llamamos fermiones y bosones.
Pero,
si indagamos un poco, ¿qué tan grande puede ser una onda
vibratoria? Mejor aún, ¿qué tan pequeña puede llegar a ser?
A
lo largo de nuestra historia han existido varias personas dispuestas
a encontrar estos extremos, pero la experiencia nos dice que,
acercando cada vez más el observador a dicha onda, siempre se
encontrará algo más pequeño. Al llegar a dimensiones
infinitesimales, constantemente se halla concentraciones más ínfimas
de energía: hermosas esculturas incognoscibles para nosotros,
apartando el hecho de que no podemos ver a tales escalas, por nuestra
limitada visión tridimensional.
Cuando
aclaramos estas obras de arte, tienen un lujo de detalle integrado
por ondas excesivamente más pequeñas, con tendencia a agruparse y
crear galaxias y constelaciones las cuales, si se analizan como
cadenas de acción y reacción, gracias a las dimensiones
relacionadas al tiempo, dibujan hilos que se dividen en cada
posibilidad. Encrucijadas que llevan a realidades remotamente
distintas.
Todo
lo que pudo ser y lo que es, o lo que creemos que es. Donde, dentro
de una de las galaxias, en un planeta que forma parte de los sistemas
que la crean, estoy sentado viendo a este gato que probablemente está
muerto, escribiendo sobre un universo como dentro de sí mismo, con
la estructura de un fractal. Describiendo realidades donde veo en vez
a un perro, a un dinosaurio, o algo inconcebible en mi perspectiva.
Quizás soy tú o, simplemente, se trate de un gato experimentando,
viendo qué sucede cuando me implanta la duda de si está vivo o
muerto una vez que está en cierta caja con veneno.
Que el gato este vivo y muerto al mismo tiempo. Vaya que es complicada la fisica cuantica.
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