domingo, 20 de agosto de 2017

Posthumano

¿Realmente fui yo?

¿Cómo puedo ser el culpable?
          Bueno, uno de los culpables
                    No debo flagelarme
por lo que hicieron mis anteriores.

          ¿O es mi ego            de nuevo?
¿Estoy externalizando responsabilidades
          de nuevo?

¿Cómo no noté los cambios?
          ¿Siquiera los quería ver?


          Ahora no es más que un cadáver.
Su detallada complejidad:                 disuelta.
          Su repetitiva diversidad: polvo.
                    Sus melódicas armonías incoherentes:                                 perdidas.
                        Su preferencia a lo vivo y a lo demás: viento.
                                      Su cruel piedad:
                                                                          en mi memoria.

Los demás no fueron muy amables,
          pero fui yo quien pasó el límite.
No hay duda de mi protagonismo:
          aún siento el placer                 entre mis manos.
          Mi mente excitada sonreía
                y me persuadía          de la necesidad          de mi acto,
          mencionando sus atrocidades pasadas.


¿O habrá sido mi imaginación?
          ¿Y           si nunca existió?
Todo parecía auténtico, pero…
                    ¿Cómo saber?

Si era una fantasía,
¡entonces tiene tanta vida como antes!


No. No puede ser.
          Es muy detallado lo que había conocido.
                    Cómo reaccionaba en cada punto.
          Píxeles que me daban su imagen completa.
                    Aunque quizás idealizo también
su lado más oscuro.

El problema estuvo en la última explosión temperamental.
          No sé si duró un segundo                      o varios milenios,          ni si era su plan,
          pero casi se podría decir que me obligó a hacerlo.
                    ¿Tenía otra opción?

          Después de todo,          sólo quería escapar
                    del horrible estado inicial.
Ya ni recuerdo cómo era,          pero
          qué aplastante se sentía.
Puedo asegurar que la necesidad sobrepasaba mi capacidad.

          Ahora no tengo elección.
Luchar para no caer con su muerte               a algo peor que el pasado.
          Sólo seguir mi destino,
                    independientemente              del destino.

Olvidar mis ambiciones           superfluas e inmediatas.
          Orientar todos mis carentes recursos           en la superación          del presente.
Ordenar mis pensamientos más allá del límite mental.

                    No ha pasado mucho tiempo,
          pero ¡cuánto corroe su vacío!

A partir de cierto punto supe lo que sucedería.
          Traté de entregarle amor,
                    cambiar           mis hábitos,
          dejar de ser el manipulador     que soy.

Intenté convencerme de que lo podía cambiar.
          Que alguien aparecería con una caja mágica
          y revertiría el problema.
          Que más bien su cambio beneficiaría
                    a todos.
                    Que mis acciones no importaban
                              porque cualquier día decidiría           lo contrario.

Evidentemente nada resultó.

Sé que muchos pensarán que he matado                     a Dios,
          y seguramente            están en lo correcto,
mas ese no es mi dolor.

Mi pena reside           en la vida          sin su presencia.

          Difícilmente superaré haber asesinado
                       el último oso polar,
          las ballenas,                 las abejas
          y sobre todo                 las flores.

Pero en el fondo,                     lo que lentamente                     me destroza
es que, a pesar de todos mis intentos,
          de toda mi voluntad,
          de haber apelado por el azar,
                    mis acciones                tienen una historia
                    y un efecto        sobre otras:
                              murió también           la libertad del albedrío.

Opuestos

Caso curioso el de los opuestos. La biofilia y la necrofilia. Hombre o mujer. Uno arriba y uno abajo. El “bueno o malo” que heredó nuestra razón de la evolución para salir de su contraparte: la quietud. Identificándonos con un lado y cosificando lo que no soy, lo que está afuera de mi. La vida penetrando filosamente en la nada del tiempo, como luz contra oscuridad: hacia el frente y un ciclo a la vez.
Cada ser cortando la tela de la muerte, alejándola de sí hasta que pasa la tijera a su sucesor. Cada revolución logrando un estado más avanzado que el de su anterior competidor. La negligencia del movimiento cuya trayectoria es afectada por su historia y que sólo se transforma cuando interactúa con otra, chocando alguno de los bordes que lo separan de lo exterior. Abismo que, como toda piel, parece muy definido, pero no se puede hallar su medida exacta.
Incluso en cada polo hay antagonías:
-El manejo de energía nos trae progreso.
-¿Y Chernobyl?
-A veces ocurren accidentes.
-¿Cuántos accidentes más pueden ocurrir antes de llegar al límite posible?
-¿Cuál es nuestro límite? ¿Acaso me vas a decir que crees que la desigualdad social interfiere el desarrollo?
-Interfiere, pero no lo limita. Todas nuestras acciones necesitan recursos, y ellos tienen su velocidad de crecimiento y cantidad.
-Si llegamos a sentir que nos falta algo, nos mudamos a otro lugar. Además, antes de que suceda, seguro ya alguien encontró cómo evitarlo.
-Lo dices como si alguna de las especies extintas, los adictos, prisioneros y muertos hubieran querido ese destino. La derrota se siente cuando es demasiado tarde.

Hasta que se cruza la arista. Definitivamente ahora se es lo otro. Norte o sur, derecha o izquierda, ya no importa. Son tan diametralmente contrarios que caen en la igualdad. El calor intentando entrar al frio, así como el frio al calor. Yin y yang. Intérprete definiendo el sentido.

Interesante la situación de la frontera. Donde se es y no a la vez. Donde se sensibiliza tanto hacia ambos lados, que es difícil identificarla con algún extremo. Situación del que percibe más, pero sólo transmite cuando se mueve o conmueve. Lucila Velásquez internalizando la capacidad del poder. El árbol explotando tanto afuera como adentro. De un lado la estabilidad del Estado y del otro el dinamismo del cosmos. Logrando con su obra, o al menos intentando, describir la compleja hermosura de los choques y placeres cercanos. Proceso interno de interpretación de energía. Traducción de lo cuántico a binario y de binario a cuántico para ambas inercias rivales.

Ciclos

En el principio lo había todo
        el espacio
                el tiempo.
                        El universo entero concentrado
en el espacio inerte.
Cuando Dios comenzó a estudiarse en el cielo y la tierra,
la tierra ya tenía forma,
        y todo en ella tenía vida.
                Las aguas le generaban
una gran curiosidad,
        y sobre la superficie de la tierra
se movía el espíritu de Dios.

Sintió entonces Dios
miedo,          hambre,                         dolor.
                Que ya no era, no fue, ni sería                Dios.

¡Y al instante hubo humanidad!
        El primogénito símbolo,
nacido de la negación.

Al encontrar la belleza de su arte,
decidió usar el símbolo
        en todo
                espacio
        -tiempo.

Estudió la luz,
        el cielo, la tierra,          el mar.
        Así lo hizo con las plantas
                y sus semillas.
La luna         y las estrellas.
        Seres marinos, terrestres y celestes.
                Lo macro y lo micro.

        Y así lo hizo consigo mismo.

Dominó la técnica,
        la “dialéctica hegeliana”.

Equilibrándose entre extremos.
        Bailando con el músculo
        que lo separa del resto.

        Pellizcando apenas con cada solución
el manto de la realidad,
        levantó las pirámides
que sostienen su máxima creación.

Creó hermosas obras.
        Sobrepasó los límites
        de lo complejo.
        Destruyó las barreras
        de lo indivisible.

En una pieza con un inicio
        suave y melodioso
        que escapa del silencio sufrido
                y un clímax
        que orgánicamente llega al acorde sacre
                rompiendo toda métrica,
        ritmo,                 tonalidad…

Entendió entonces lo humano
que su estructura,
        al ser parte de la realidad,
        es temporal.

Que, a pesar de la aparente infinidad,
        el ouroboros bota sangre con cada mordida,
                la piedra de Sísifo se desgasta,
        el Sol pierde energía en todos los amaneceres.

Entonces queda sólo la decisión
                entre morir
        cual cualquier especie.
                Quedar atrapado en el Samsara,
        como la energía.
        Transformándose siempre
                desde que es un agujero negro
        hasta volver a alguna gran explosión
en un choque de branas brahmánicas.

        O aprender a usar la entropía,
crecer en complejidad
                y abrir el camino
        Como el todo
        que sale de la nada.
                aceptar las pirámides
        para trascenderlas.
Como el impulso necesario
        para crear el sonido
que abandona a la pelota
con cada rebote de su ciclo
        semi-infinito.

Schrödinger

Algo que muchos parecen ignorar es que la realidad excede excesivamente lo que nuestra conciencia y sentidos perciben. De hecho, demuestran experimentos que cuando miro a este gato, que probablemente está vivo, le estoy enviando suficiente energía para modificarlo. Logro que los átomos de los que están compuestas las moléculas, y por ende, sus células, se materialicen en forma de partículas.
Nadie conoce, aunque lo crea, el aspecto real de las cosas. Cuando nuestra conciencia no las perturba mediante la interpretación ya no es tan fácil ni para la imaginación. Tal vez las partículas elementales no son tan elementales. Divagar da espacio a pensar que este gato no es más que una mezcla de energía interactuando mediante fuerzas con el cosmos que le rodea. Energía vibrando en todas direcciones, en todas dimensiones, con mayor probabilidad en las partículas que llamamos fermiones y bosones.
Pero, si indagamos un poco, ¿qué tan grande puede ser una onda vibratoria? Mejor aún, ¿qué tan pequeña puede llegar a ser?
A lo largo de nuestra historia han existido varias personas dispuestas a encontrar estos extremos, pero la experiencia nos dice que, acercando cada vez más el observador a dicha onda, siempre se encontrará algo más pequeño. Al llegar a dimensiones infinitesimales, constantemente se halla concentraciones más ínfimas de energía: hermosas esculturas incognoscibles para nosotros, apartando el hecho de que no podemos ver a tales escalas, por nuestra limitada visión tridimensional.
Cuando aclaramos estas obras de arte, tienen un lujo de detalle integrado por ondas excesivamente más pequeñas, con tendencia a agruparse y crear galaxias y constelaciones las cuales, si se analizan como cadenas de acción y reacción, gracias a las dimensiones relacionadas al tiempo, dibujan hilos que se dividen en cada posibilidad. Encrucijadas que llevan a realidades remotamente distintas.

Todo lo que pudo ser y lo que es, o lo que creemos que es. Donde, dentro de una de las galaxias, en un planeta que forma parte de los sistemas que la crean, estoy sentado viendo a este gato que probablemente está muerto, escribiendo sobre un universo como dentro de sí mismo, con la estructura de un fractal. Describiendo realidades donde veo en vez a un perro, a un dinosaurio, o algo inconcebible en mi perspectiva. Quizás soy tú o, simplemente, se trate de un gato experimentando, viendo qué sucede cuando me implanta la duda de si está vivo o muerto una vez que está en cierta caja con veneno.